Los
profesores de lenguas extranjeras se encuentran con grandes problemas o
barreras a la hora de impartir sus clases. Por un lado, nos encontramos con las
limitaciones que nos suponen los objetivos fijados por la Unión Europea o por
el propio Gobierno de España o la Xunta de Galicia en su proceso de
convergencia con los objetivos europeos. Estos objetivos son los mencionados en
la entrada anterior como la movilidad, el plurilingüismo o el desarrollo
tecnológico; entre otros. Además, estos objetivos y metas suponen otro problema
para los profesores como es la necesidad de conseguir resultados contrastables
en un contexto cada vez más competitivo. Más allá de las propias instituciones,
los agentes educativos y la realidad o contexto que rodea la educación también
presentan ciertas problemáticas. Algunos problemas que deben afrontar los
profesores y que tienen que ver con el alumnado pueden ser la edad de madurez
del alumnado de secundaria; la situación familiar, económica o social del
alumnado; problemas físicos, de salud o de discapacidad; etc. Además, al
encontrarnos en un mundo tan globalizado pueden surgir otras problemáticas como
el uso de las nuevas tecnologías en el aula o las condiciones o requisitos que
nos impone el mercado laboral. Finalmente, si nos centramos en problemas más
específicos dentro del aula de lenguas extranjeras podemos nombrar la
asignación de horas lectivas de los idiomas extranjeros o la conciliación del
libro de texto con otros materiales complementarios y más reales y cercanos al
alumnado.
Todos
estos problemas dificultan enormemente la labor del profesorado de lenguas
extranjeras, pero en mi opinión hay un problema que destaca por ser el de más
difícil solución que sería la edad de madurez del alumnado de secundaria.
Considero que es uno de los mayores problemas porque es inevitable, la
adolescencia es una etapa por la que todos debemos pasar y que supone cambios
tanto físicos como cognitivos y emocionales. Además, cada alumno madura de una
forma y a una edad diferente por lo que cada uno tendrá su propio nivel de
desarrollo y adquisición de conocimientos. El profesorado suele manifestar que
tratar con los adolescentes es uno de los aspectos más difíciles, sobre todo si
tenemos en cuenta la brecha generacional que los separa a ambos. El profesorado
debe lograr motivar a sus alumnos y propiciar que cada uno adquiera los
conocimientos y competencias necesarias a su propio ritmo de desarrollo o
madurez. Para lograr este objetivo, se debe diversificar o adaptar el temario a
las necesidades de cada alumno.
Los
aspectos negativos de este problema pueden ser los cambios emocionales que
sufre el alumnado. La adolescencia se suele caracterizar por una baja
autoestima y por un gran deseo de independencia y de sentirse integrado en un
grupo de iguales. Esa baja autoestima se puede reflejar en vergüenza al hablar
en público o en dar su opinión. Si volvemos a lo mencionado en la entrada
anterior dónde se explicaba que uno de los aspectos más importantes que se debe
trabajar en una clase de lengua extranjera es la oralidad, esta baja autoestima
puede ser un gran problema a la hora de llevar a cabo ejercicio orales en el
aula. Por otro lado, ese deseo de independencia o de sentirse aceptados puede
provocar conductas disruptivas en clase o falta de interés hacia las actividades
propuestas. Sin embargo, no solo serían difíciles de solucionar estas conductas
más “negativas”, sino que también nos podemos encontrar con adolescentes con
altas capacidades o con un gran afán de superación y estudio debido a su
madurez o a la presión familiar o social. Estos casos son igual de difíciles
que los anteriores porque también se debe conseguir motivarlos, que no pierdan
el interés y cumplir con sus expectativas de aprendizaje.
A
pesar de estos problemas, el profesorado debe adaptarse y buscar soluciones que
permitan la integración de todo el alumnado y la adquisición de competencias.
En primer lugar, se debe motivar al alumnado realizando actividades con temas
que les interesen como la música, el cine o las series, los videojuegos, los
viajes, etc. También se debe crear un ambiente tolerante y abierto en el que el
alumnado no se siente intimidado sino que se sienta con la confianza suficiente
para hablar en público y expresar su opinión libremente sin miedo a que nadie
lo juzgue. En segundo lugar, el profesorado debe adaptar las tareas a la
madurez de cada estudiante, debe dejarles decidir sobre su propio aprendizaje y
en ningún momento se debe pretender que todos alcancen el mismo nivel; sino que
cada uno alcanzará los conocimientos y competencias de acuerdo con su nivel de
madurez cognitiva.
Como
conclusión se puede observar que el profesorado se enfrenta a grandes
dificultades, pero debe buscar soluciones para solucionarlas. La adolescencia y
la madurez del alumnado es una etapa difícil y el profesorado deberá motivar al
alumnado y adaptar la enseñanza a cada alumno. La finalidad de todo profesor es
potenciar las habilidades y capacidades de cada estudiante y lograr su
desarrollo integral.




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